
Martes 22 de Junio 2004
Desarrollo rural
Ramón M* Aller
El turismo rural o la artesanía deben ser algo más que pretextos para obtener subvenciones europeas o créditos de los gobiernos de las comunidades autónomas. Con las actuaciones para el desarrollo rural no debe pretenderse construir fachadas de casas rurales vacías ni abrir talleres para menestrales y orfebres inexistentes, como si se tratase de volver a las andadas con el cultivo y tratamiento del lino, sino que es preciso que tales actuaciones consigan fomentar auténticos negocios viables que puedan mejorar el medio campestre y consolidar una oferta alternativa a los atractivos urbanos.
Naturalmente, no basta con programas y con ejecutar actuaciones de carácter bucólico y más o menos ecologista; el desarrollo rural precisa recurrir también a una auténtica y profunda renovación y al completo equipamiento de pueblos y aldeas, a la creación de empresas agroalimentarias y, sobre todo, a la formación profesional de quienes han de ocuparse de promover y gestionar los nuevos recursos.
La migración progresiva a la ciudad desde zonas de ya escasísima densidad de población, las mínimas rentas agrarias y el casi generalizado y constante desempleo necesitan una atención directa de los poderes públicos, con o sin ayudas europeas, para dotar a esos territorios de las infraestructuras básicas que permitan a sus pobladores actuales hacer atractivo el hábitat, conservar los recursos naturales y hacer rentable su explotación.