Jueves, 16 de Diciembre de 2004

Imaginación rentable

Varios empresarios lucenses han apostado por actividades alternativas para ganarse la vida
 
Plantas medicinales, caracoles, avestruces, germinados o transformación de castañas y productos silvestres son algunas de las actividades a las que se dedican varias empresas lucenses, ya sea como actividad complementaria o para conquistar el mercado internacional.

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La curiosidad, en unos casos, el intento de complementar ingresos, en otros, o la búsqueda de fórmulas de producción más rentables, son algunos de los motivos que han llevado a varias firmas lucenses a enfocar su actividad hacia ámbitos tan poco convencionales como la cría de caracoles y avestruces, la producción de germinados y plantas medicinales o la elaboración y transformación de castañas y productos silvestres.

Con dimensiones, facturación y mercados tan diversos como lo son sus produciones, todas las empresas tienen aspectos en común, como su implantación en el medio rural, que también les hace compartir problemas, como la falta de mano de obra.

El desconocimiento o la falta de aprecio de los productos en el mercado interior y, en la mayoría de los casos, las dificultades de acceso a los canales de comercialización, así como la falta de respaldo institucional, también se apuntan en el debe de estas producciones alternativas.

Este cúmulo de factores ha hecho desistir a muchas personas, entre ellas, a la mayoría de los criadores de avestruces que años atrás se prodigaron por toda la provincia de Lugo. José Manuel Casas y su esposa, Mónica López, son unos de los pocos supervivientes de la desercción generalizada que se ha registrado en Lugo respecto a esta producción avícola.

"Seremos, si no los únicos, de los pocos que quedamos en la provincia", reclaca José Manuel, que se inició en la cría de avestruces "hace ocho años, por hobby, pero empezaron a multiplicarse, hasta 18" , una cifra nada despreciable si se tiene en cuenta que este animal, procedente de África, es la más grande de las aves que ha llegado hasta nuestros días. "Un macho adulto puede llegar a medir hasta 2,7 metros de alto y a pesar 145 kilos", explica.

Además de la ingente cantidad de alimento, "a base de piensos especiales para ellos", la cría de avestruces exige disponer de suficiente terreno, "unos 800 metros cuadrados para cada trío", integrado "por un macho y dos hembras, que es la composición ideal para que tengan descendencia", explica.

La iniciativa tuvo sus comienzos en Sarria, donde se mantuvo "durante cinco años", antes de trasladarla, "hace tres", a una finca situada en las inmediaciones del polígono industrial de Begonte, más próxima a Lugo, donde reside el matrimonio.

Esta actividad, "además de la satisfacción personal, porque a los dos nos gustan mucho los animales", les depara unos ingresos complementarios, ya que la producción se dedica "a la venta y también al autoconsumo, porque la carne de avestruz, además de exquisita para el paladar, es muy saludable, ya que no tiene ni un gramo de grasa", explica el productor.

De rápido crecimiento, tras el nacimiento -"necesitan 45 días de incubación"-, los pollos de avestruz "tienen un 30% de mortandad hasta los tres meses de vida". A partir de ahí "tienen mucho aguante" y el rendimiento económico no es pequeño. "El kilo de carne se vende a 3.500 de las antiguas pesetas. Y eso que bajó, porque al principio se pagaba a 5.000", mientras que los huevos "se venden a 3.000".

El problema que impide aventurarse hacia producciones de mayor envergadura "es la falta de infraestructura para la venta y de mataderos especializados para estas aves". Aunque hay alguno, "cobran mucho", explica Manuel, que a los problemas citados añade "la falta de mercado interior" para esta carne. "Aquí, el 40% de la población no probó esta carne ni piensa hacerlo", apostilla.

P L A N T A S

Los problemas de comercialización también representan un inconveniente importante para Chusa Expósito, Carmela Baliño y Xaquín Rodríguez, impulsores de la cooperativa Milhulloa, de Palas de Rei, dedicada al cultivo ecológico, procesado y venta de plantas aromáticas y medicinales, entre otras producciones.

La iniciativa tomó cuerpo "a raíz de un curso de 500 horas para emprendedores. Teníamos una parcela familiar de 22 hectáreas a monte y decidimos que podíamos dedicarla a la producción de plantas medicinales y aromáticas", explica Chusa Expósito.

La reconversión de una antigua cuadra de vacas fue el primer paso "para montar una industria", que inicialmente enfocó la producción "hacia la industria farmacéutica, pero nos pagaban una miseria el kilo de plantas" y optaron "por abordar el proceso de transformación, envasado y comercialización de infusiones y especias".

La actividad se complementa "con la producción de semillas y plantas de vivero". Durante el invierno, también se realiza "el deshidratado de frutas, verduras y hortalizas", la última línea de productos que sacó la cooperativa, cuyas instalaciones incluyen "un pequeño laboratorio y sala de envasado de aceites aromatizados para baño y balnearios, fabricados a base de plantas maceradas y aceite de almendras".

Con motivo del Xacobeo, los miembros de la cooperativa fabricaron "una bebida reconstituyente" que se sirve, "con éxito", a los peregrinos que recalan en el pequeño bar habilitado en el complejo industrial. En la búsqueda de una producción de calidad, la firma mantiene un convenio de colaboración con la Escuela Politécnica de Lugo "para mejorar el cultivo de plantas medicinales".

Los empresarios centran ahora sus esfuerzos en buscar canales de comercialización que les permitan obtener una rentabilidad aceptable por la venta de sus productos, ya que hasta ahora "no se puede hablar de beneficios". Para ello, "estamos tratando de constituir una asociación gallega de productores ecológicos, para buscar canales de comercialización conjunta de nuestros productos".

G E R M I N A D O S

Similares dificultades afrontó en sus comienzos Gabino Vázquez, promotor y presidente del Consello Regulador de Productos Ecolóxicos de Galicia, cuando decidió poner en marcha el cultivo de germinados de alfalfa, "en el que fui pionero, en Galicia y en España", allá por el año 1985.

Sin duda influyó la experiencia vivida durante su estancia en Estados Unidos, "donde me llevé una sorpresa al descubrir que se consumen más que la lechuga".

La empresa se inició "en un gallinero abandonado" que, poco a poco, se transformaría en las modernas instalaciones que albergan, en Baralla, a las firmas Zoa S.L. y Horta, con las que comercializa, además de germinados (de alfalfa, soja verde, trigo, lentejas, brécol, alolba, grelos y judías), dulces y pastas "elaborados con productos ecológicos, igual que la leche", un trabajo para el que no contó con más ayudas "que el esfuerzo personal", asegura.

En un tiempo, "también tuve frambuesas, pero las dejé por problemas de mano de obra. Aquí sale más caro cultivarlas y recogerlas que traerlas de fuera. La falta de políticas de fijación de población hace que la mano de obra sea cada vez más escasa y menos preparada", lamenta.

El empresario, que emplea a una plantilla fija "de seis trabajadores", considera que "empezar en Galicia ha sido un grave error. Nunca hubo un apoyo de la Administración para que aquí se pudiera dar la innovación. Seguimos presumiendo de lacón con grelos, que me encanta, pero no sólo de cocido vive el hombre".

En su opinión, "aquí hay un mercado muy poco dado a las cosas nuevas y una desventaja competitiva enorme." Asegura que "con respecto a un productor catalán, tengo unos costes de producción añadidos al año de entre 24.000 y 36.000 euros, por el elevadísimo coste que hay aquí para colocar la mercancía".

Vázquez, que rechaza dar datos de producción y facturación, reclama "una política decidida de apoyo institucional, inexistente hasta ahora, a la producción ecológica, un sector que creció como ningún otro y que es el eje central de la política de la UE", además de que "fija población y revaloriza nuestras explotaciones", ya que "al contrario que en otros sectores, todo lo que se produce se transforma aquí".

C A S T A Ñ A S

Situación bien distinta es la de Naiciña, una empresa familiar dedicada a la elaboración y distribución de la castaña, que cuenta con una importante presencia en el mercado internacional. Miguel Areán y su hijo Miguel Ángel están al frente de esta firma chantadina, "dedicada inicialmente a la comercialización de productos agrícolas", que en 1985 decidió apostar por el mercado de la castaña, "primero comercializando la castaña fresca y luego la seca o pilonga", explica el patriarca de la familia.

La inversión en tecnología y una constante modernización de la maquinaria, "siempre sobre la base de la elaboración tradicional", les permitió abordar la producción de "castañas peladas y congeledas, la harina de castaña -de la que somos los únicos productores en España- y, desde el 2000, otros productos transformados, como el marrón en almibar y la crema de castañas.

A éstas se añadiría una nueva línea de confitura de frutas (arándanos, mora y frambuesa), "complementaria de la producción principal, ya que nuestro objetivo es el aprovechamiento integral del soto", argumenta José Miguel.

La producción de la factoría "depende de la cosecha. El año pasado fue de 1.500 toneladas, el doble de la de este año". En cuanto al volumen de ventas, "esperamos superar los resultados del 2003, en que alcanzaron 1,5 millones de euros".

Los productos se comercializan "en el mercado nacional e internacional. El gallego no aprecia valor añadido de nuestra mercancía", opina. En el 2003, "el 43% de la producción fue para la exportación a Italia, Alemania, Portugal, México, algunos países del Caribe, y llevamos algún tiempo trabajando -sin llegar aún a un volumen importante- con Japón, el prinicipal consumidor de castañas del mundo".

Otra empresa que se dedica a la producción intensiva y transformación de frambuesa, castaña y setas, es la filial monterrosina de la empresa Arotz, perteneciente al grupo Ebro Agrícolas, la única multinacional española pertenecinete al sector de la alimentación que cotiza en bolsa.



HELIXLUGO

Caracoles con acento de Lugo

La curiosidad también llevó a María Digna García, propietaria de la firma lucense Helixlugo, a experimentar con la cría de caracoles en una finca de su propiedad, en Monterroso, "hace cerca de cuatro años". Lo hizo "con la idea de sacarle provecho al terreno y obtener una pequeña rentabilidad complementaria a los ingresos familiares, que es como hay que enfocar este negocio".

La cría de caracoles se realiza "en el exterior, desde la primavera hasta el principios del invierno", en una zona "parcelada y cerrada con mallas para que no escapen, con pequeñas casetas para meter las crías".

La empresa no produce para el consumo, sino "para reproducción en granjas". Dejando a un lado Galicia, "donde no hay mercado para el caracol", Helixlugo dirige su producción a "Cataluña, Valencia y Andalucía, fundamentalmente".

Con sede social en la capital, la empresa tiene una página web en donde detalla su oferta. Ésta incluye, además de la comercialización y venta de caracoles, "la venta de piensos y de materiales para el sector, productos cosméticos fabricados a base de baba de caracol, gestión y venta de producciones, y creación de proyectos técnicos", explica.

El interés que suscita la actividad y la continua demanda de información sobre la misma llevó a la firma "a confeccionar un curso que se puede adquirir por Internet, por 56 euros, lo que nos evita pasar todo el día colgados del teléfono", explica.

La empresaria se muestra reacia a dar datos de producción, limitándose a decir que "el volumen de negocio es bastante aceptable", una situación que se repite con todos los pequeños productores consultados. Por el contrario, no tiene inconveniente alguno en hablar de los proyectos de futuro, entre los que está "la fabricación de caviar, y la comercialización de caracol cocido al natural y precocinado en salsa", entre otras preparaciones y derivados de estos moluscos.