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La curiosidad, en unos casos, el intento de complementar ingresos, en
otros, o la búsqueda de fórmulas de producción más rentables, son
algunos de los motivos que han llevado a varias firmas lucenses a
enfocar su actividad hacia ámbitos tan poco convencionales como la
cría de caracoles y avestruces, la producción de germinados y plantas
medicinales o la elaboración y transformación de castañas y productos
silvestres.
Con dimensiones, facturación y mercados tan diversos como lo son sus
produciones, todas las empresas tienen aspectos en común, como su
implantación en el medio rural, que también les hace compartir
problemas, como la falta de mano de obra.
El desconocimiento o la falta de aprecio de los productos en el
mercado interior y, en la mayoría de los casos, las dificultades de
acceso a los canales de comercialización, así como la falta de
respaldo institucional, también se apuntan en el debe de estas
producciones alternativas.
Este cúmulo de factores ha hecho desistir a muchas personas, entre
ellas, a la mayoría de los criadores de avestruces que años atrás se
prodigaron por toda la provincia de Lugo. José Manuel Casas y su
esposa, Mónica López, son unos de los pocos supervivientes de la
desercción generalizada que se ha registrado en Lugo respecto a esta
producción avícola.
"Seremos, si no los únicos, de los pocos que quedamos en la
provincia", reclaca José Manuel, que se inició en la cría de
avestruces "hace ocho años, por hobby, pero empezaron a multiplicarse,
hasta 18" , una cifra nada despreciable si se tiene en cuenta que este
animal, procedente de África, es la más grande de las aves que ha
llegado hasta nuestros días. "Un macho adulto puede llegar a medir
hasta 2,7 metros de alto y a pesar 145 kilos", explica.
Además de la ingente cantidad de alimento, "a base de piensos
especiales para ellos", la cría de avestruces exige disponer de
suficiente terreno, "unos 800 metros cuadrados para cada trío",
integrado "por un macho y dos hembras, que es la composición ideal
para que tengan descendencia", explica.
La iniciativa tuvo sus comienzos en Sarria, donde se mantuvo "durante
cinco años", antes de trasladarla, "hace tres", a una finca situada en
las inmediaciones del polígono industrial de Begonte, más próxima a
Lugo, donde reside el matrimonio.
Esta actividad, "además de la satisfacción personal, porque a los dos
nos gustan mucho los animales", les depara unos ingresos
complementarios, ya que la producción se dedica "a la venta y también
al autoconsumo, porque la carne de avestruz, además de exquisita para
el paladar, es muy saludable, ya que no tiene ni un gramo de grasa",
explica el productor.
De rápido crecimiento, tras el nacimiento -"necesitan 45 días de
incubación"-, los pollos de avestruz "tienen un 30% de mortandad hasta
los tres meses de vida". A partir de ahí "tienen mucho aguante" y el
rendimiento económico no es pequeño. "El kilo de carne se vende a
3.500 de las antiguas pesetas. Y eso que bajó, porque al principio se
pagaba a 5.000", mientras que los huevos "se venden a 3.000".
El problema que impide aventurarse hacia producciones de mayor
envergadura "es la falta de infraestructura para la venta y de
mataderos especializados para estas aves". Aunque hay alguno, "cobran
mucho", explica Manuel, que a los problemas citados añade "la falta de
mercado interior" para esta carne. "Aquí, el 40% de la población no
probó esta carne ni piensa hacerlo", apostilla.
P L A N T A S
Los problemas de comercialización también representan un inconveniente
importante para Chusa Expósito, Carmela Baliño y Xaquín Rodríguez,
impulsores de la cooperativa Milhulloa, de Palas de Rei, dedicada al
cultivo ecológico, procesado y venta de plantas aromáticas y
medicinales, entre otras producciones.
La iniciativa tomó cuerpo "a raíz de un curso de 500 horas para
emprendedores. Teníamos una parcela familiar de 22 hectáreas a monte y
decidimos que podíamos dedicarla a la producción de plantas
medicinales y aromáticas", explica Chusa Expósito.
La reconversión de una antigua cuadra de vacas fue el primer paso
"para montar una industria", que inicialmente enfocó la producción
"hacia la industria farmacéutica, pero nos pagaban una miseria el kilo
de plantas" y optaron "por abordar el proceso de transformación,
envasado y comercialización de infusiones y especias".
La actividad se complementa "con la producción de semillas y plantas
de vivero". Durante el invierno, también se realiza "el deshidratado
de frutas, verduras y hortalizas", la última línea de productos que
sacó la cooperativa, cuyas instalaciones incluyen "un pequeño
laboratorio y sala de envasado de aceites aromatizados para baño y
balnearios, fabricados a base de plantas maceradas y aceite de
almendras".
Con motivo del Xacobeo, los miembros de la cooperativa fabricaron "una
bebida reconstituyente" que se sirve, "con éxito", a los peregrinos
que recalan en el pequeño bar habilitado en el complejo industrial. En
la búsqueda de una producción de calidad, la firma mantiene un
convenio de colaboración con la Escuela Politécnica de Lugo "para
mejorar el cultivo de plantas medicinales".
Los empresarios centran ahora sus esfuerzos en buscar canales de
comercialización que les permitan obtener una rentabilidad aceptable
por la venta de sus productos, ya que hasta ahora "no se puede hablar
de beneficios". Para ello, "estamos tratando de constituir una
asociación gallega de productores ecológicos, para buscar canales de
comercialización conjunta de nuestros productos".
G E R M I N A D O S
Similares dificultades afrontó en sus comienzos Gabino Vázquez,
promotor y presidente del Consello Regulador de Productos Ecolóxicos
de Galicia, cuando decidió poner en marcha el cultivo de germinados de
alfalfa, "en el que fui pionero, en Galicia y en España", allá por el
año 1985.
Sin duda influyó la experiencia vivida durante su estancia en Estados
Unidos, "donde me llevé una sorpresa al descubrir que se consumen más
que la lechuga".
La empresa se inició "en un gallinero abandonado" que, poco a poco, se
transformaría en las modernas instalaciones que albergan, en Baralla,
a las firmas Zoa S.L. y Horta, con las que comercializa, además de
germinados (de alfalfa, soja verde, trigo, lentejas, brécol, alolba,
grelos y judías), dulces y pastas "elaborados con productos
ecológicos, igual que la leche", un trabajo para el que no contó con
más ayudas "que el esfuerzo personal", asegura.
En un tiempo, "también tuve frambuesas, pero las dejé por problemas de
mano de obra. Aquí sale más caro cultivarlas y recogerlas que traerlas
de fuera. La falta de políticas de fijación de población hace que la
mano de obra sea cada vez más escasa y menos preparada", lamenta.
El empresario, que emplea a una plantilla fija "de seis trabajadores",
considera que "empezar en Galicia ha sido un grave error. Nunca hubo
un apoyo de la Administración para que aquí se pudiera dar la
innovación. Seguimos presumiendo de lacón con grelos, que me encanta,
pero no sólo de cocido vive el hombre".
En su opinión, "aquí hay un mercado muy poco dado a las cosas nuevas y
una desventaja competitiva enorme." Asegura que "con respecto a un
productor catalán, tengo unos costes de producción añadidos al año de
entre 24.000 y 36.000 euros, por el elevadísimo coste que hay aquí
para colocar la mercancía".
Vázquez, que rechaza dar datos de producción y facturación, reclama
"una política decidida de apoyo institucional, inexistente hasta
ahora, a la producción ecológica, un sector que creció como ningún
otro y que es el eje central de la política de la UE", además de que
"fija población y revaloriza nuestras explotaciones", ya que "al
contrario que en otros sectores, todo lo que se produce se transforma
aquí".
C A S T A Ñ A S
Situación bien distinta es la de Naiciña, una empresa familiar
dedicada a la elaboración y distribución de la castaña, que cuenta con
una importante presencia en el mercado internacional. Miguel Areán y
su hijo Miguel Ángel están al frente de esta firma chantadina,
"dedicada inicialmente a la comercialización de productos agrícolas",
que en 1985 decidió apostar por el mercado de la castaña, "primero
comercializando la castaña fresca y luego la seca o pilonga", explica
el patriarca de la familia.
La inversión en tecnología y una constante modernización de la
maquinaria, "siempre sobre la base de la elaboración tradicional", les
permitió abordar la producción de "castañas peladas y congeledas, la
harina de castaña -de la que somos los únicos productores en España-
y, desde el 2000, otros productos transformados, como el marrón en
almibar y la crema de castañas.
A éstas se añadiría una nueva línea de confitura de frutas (arándanos,
mora y frambuesa), "complementaria de la producción principal, ya que
nuestro objetivo es el aprovechamiento integral del soto", argumenta
José Miguel.
La producción de la factoría "depende de la cosecha. El año pasado fue
de 1.500 toneladas, el doble de la de este año". En cuanto al volumen
de ventas, "esperamos superar los resultados del 2003, en que
alcanzaron 1,5 millones de euros".
Los productos se comercializan "en el mercado nacional e
internacional. El gallego no aprecia valor añadido de nuestra
mercancía", opina. En el 2003, "el 43% de la producción fue para la
exportación a Italia, Alemania, Portugal, México, algunos países del
Caribe, y llevamos algún tiempo trabajando -sin llegar aún a un
volumen importante- con Japón, el prinicipal consumidor de castañas
del mundo".
Otra empresa que se dedica a la producción intensiva y transformación
de frambuesa, castaña y setas, es la filial monterrosina de la empresa
Arotz, perteneciente al grupo Ebro Agrícolas, la única multinacional
española pertenecinete al sector de la alimentación que cotiza en
bolsa.
HELIXLUGO
Caracoles con acento de Lugo
La curiosidad también llevó a María Digna García, propietaria de la
firma lucense Helixlugo, a experimentar con la cría de caracoles en
una finca de su propiedad, en Monterroso, "hace cerca de cuatro años".
Lo hizo "con la idea de sacarle provecho al terreno y obtener una
pequeña rentabilidad complementaria a los ingresos familiares, que es
como hay que enfocar este negocio".
La cría de caracoles se realiza "en el exterior, desde la primavera
hasta el principios del invierno", en una zona "parcelada y cerrada
con mallas para que no escapen, con pequeñas casetas para meter las
crías".
La empresa no produce para el consumo, sino "para reproducción en
granjas". Dejando a un lado Galicia, "donde no hay mercado para el
caracol", Helixlugo dirige su producción a "Cataluña, Valencia y
Andalucía, fundamentalmente".
Con sede social en la capital, la empresa tiene una página web en
donde detalla su oferta. Ésta incluye, además de la comercialización y
venta de caracoles, "la venta de piensos y de materiales para el
sector, productos cosméticos fabricados a base de baba de caracol,
gestión y venta de producciones, y creación de proyectos técnicos",
explica.
El interés que suscita la actividad y la continua demanda de
información sobre la misma llevó a la firma "a confeccionar un curso
que se puede adquirir por Internet, por 56 euros, lo que nos evita
pasar todo el día colgados del teléfono", explica.
La empresaria se muestra reacia a dar datos de producción, limitándose
a decir que "el volumen de negocio es bastante aceptable", una
situación que se repite con todos los pequeños productores
consultados. Por el contrario, no tiene inconveniente alguno en hablar
de los proyectos de futuro, entre los que está "la fabricación de
caviar, y la comercialización de caracol cocido al natural y
precocinado en salsa", entre otras preparaciones y derivados de estos
moluscos.
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