FARO DE VIGO Digital

Lunes, 25 de octubre de 2004

LA PLAGA DE LA ACACIA EN GALICIA

Remedios contra la mimosa

Un ejemplar de mimosa, que invade los montes gallegos. / f.d.i.

Eduardo Rolland / VIGO

Un árbol ha puesto de acuerdo al Parlamento de Galicia. En junio, PP, PSOE y BNG aprobaron por unanimidad una resolución instando a la Xunta a controlar la proliferación de la acacia en los montes gallegos, una expansión que ya raya la categoría de plaga.

Originaria de Nueva Zelanda, traída a Galicia en el siglo XIX con fines ornamentales, la acacia ha colonizado grandes áreas de costa, las riberas de los ríos e inmensas extensiones en las provincias de Lugo y Ourense. Según el último Inventario Nacional Forestal, de 1999, este árbol ocupa ya en Galicia 4.066 hectáreas como especie principal, otras 3.084 como secundaria y con presencia en 4.906 más.

Las especies de acacia existentes en Galicia son básicamente dos: la de madera negra y el aromo chileno, conocido como mimosa.

Grandes manchas amarillas adornan el paisaje gallego. Pero su belleza oculta un riesgo ecológico: se trata de una especie tan agresiva que arrasa por completo cualquier otra vegetación en las zonas donde se asienta.

"Es un árbol ganador", resume el profesor Carlos Souto, del área de Producción Vegetal de la Universidad de Vigo: "La acacia es una magnífica competidora que, si ha de compartir un hábitat con cualquier otra especie, siempre saldrá victoriosa".

Donde hay acacia no crece nada más. De una parte, la planta crea una tupida red de raíces que absorbe toda el agua y los nutrientes disponibles. Además, sus hojas roban la luz del sol y dejan el suelo en sombra. Y, por último, los científicos sospechan que este árbol libera sustancias químicas que arrasan a cualquier competidora.

"Aún no sabemos exactamente cómo es el cóctel químico que suelta la mimosa, pero sí que existe y que convierte el suelo donde se asientan en un campo donde no crece ninguna otra cosa", explica Souto.

Expansión espectacular

El resultado es "una capacidad de expansión espectacular", resume el profesor. Grandes extensiones a la vera de los ríos y, en especial, en la provincia de Ourense, donde las ramas de la mimosa se utilizan de varas para las vides, están afectadas por lo que algunos ya consideran una plaga.

Como ocurriera con el eucalipto, que comparte su origen austral, "la mimosa se ha adaptado con mucha facilidad a estos suelos y a este clima, pero se ha encontrado con unas plantas diferentes, que no pueden competir con ellas".

La Consellería de Medio Ambiente tiene ya en marcha medidas de control para la acacia. Y en su programa de fomento de la silvicultura, aprobado el pasado marzo, ya incluye ayudas económicas para el control de acacias.

Porque su proliferación no preocupa sólo a los ecologistas, sino también a los productores en el rural. De esta inquietud surgió la iniciativa del Parlamento de Galicia aprobada en junio. Y, así, un árbol ha logrado poner de acuerdo a tres partidos.

 

El "Alien" vegetal de los montes gallegos

 
 

Un clásico del cine de ciencia-ficción retrata a la perfección el caso de la acacia. En "Alien", de Ridley Scott, una criatura de otro planeta es trasladada a la Tierra para servir como arma de guerra. Se trata de un depredador que, en un nuevo ecosistema, al ser trasladado entre humanos, no cuenta con ningún competidor natural. "Es un ser superior a ustedes", resume un robot antes de que el "Alien" inicie una cacería sangrienta a bordo de la nave espacial: "No tienen ustedes ninguna oportunidad", sentencia.

Cierto que en la película se acaba salvando Sigourney Weaver, pero este hecho es una mera licencia del cine. En la realidad, Alien vencería siempre, al igual que ningún rebaño de gacelas o de cebras podrá jamás matar a un solo león.

Así la acacia, como el eucalipto, son los "Alien" vegetales en Galicia. Especies traídas de otro mundo, se adaptan con facilidad a esta tierra y carecen de competidores entre las especies locales. El resultado es una invasión completa, que termina con características de plaga, arrasando a la vegetación autóctona.

La propia Consellería de Medio Ambiente -que oferta ayudas económicas para el control de acacias en las explotaciones de silvicultura- ha cursado una orden a sus servicios de Montes, redactada con un aire bélico de película de ciencia-ficción: "Que se informe de todos de los procedimientos para controlar el avance invasor de esta especie".