LIBRO BLANCO 2000

SOBRE EL

BOSQUE DE

MONTAÑA EN

EUROPA


 

 

 

 

Desde junio 1998, el OEBM[1] es el coordinador internacional de la Resolución S4 “Adaptación de la gestión de los bosques de montaña a las nuevas condiciones medioambientales”, en colaboración con la FAO (Naciones Unidas, Organización para la Alimentación y la Agricultura ) y la IUFRO (Unión Internacional de las Organizaciones de Investigación Forestal). Esta Resolución ha sido adoptada en 1990 (Estrasburgo, Francia) en la primera Conferencia Ministerial sobre la Protección del Bosque en Europa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

Sumario

 

 

 

Resumen ejecutivo

Para una política del bosque de montaña en Europa

 

 

Introducción

 

 

1.        UN DIAGNOSTICO

 

Situación general y evolución

Diversidad y multifuncionalidad de los recursos

Los puntos fuertes

Los puntos débiles

 

 

2.        UNA VISION PARA EL DESARROLLO DURADERO

 

¿Qué desarrollo duradero?

¿Con qué actores? ¿Cuáles son sus intereses?

Los actores locales

Europa

Los Estados y Regiones

El papel del OEBM

¿Qué futuro se puede prever?

Si no ocurre nada

Con un salpicamiento de  acciones parciales

Con una política de envergadura

 

 

3.        PROPOSICIONES DE ACCIONES CONCRETAS

 

Eje 1: Hacer participar a todos los actores en el desarrollo forestal

Eje 2: Establecer contratos territoriales de gestión del espacio natural comprometiendo a los actores

Eje 3: Ayudar a las zonas en dificultad con  medidas de corrección de inferioridades y fomento del desarrollo

Eje 4: Promover la calidad de los productos y de los servicios relacionados con el bosque de montaña

Eje 5: Definir los planes de reorganización del territorio

 

 

Consideraciones finales

 

 

Anexos

 

Perfiles nacionales de los países

Las iniciativas internacionales en favor de los ecosistemas de montaña y su desarrollo duradero

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Resumen ejecutivo

Para una política del bosque de montaña en Europa

 


 

El bosque de montaña asegura a la mejora de la sociedad funciones múltiples que revelan cada vez más su utilidad pública. El bosque contribuye a la protección de los suelos, de los lugares de viviendas y de infraestructuras. Además de su papel económico directo de producción de madera y el indirecto de soporte de actividades rurales (pastos), turísticas y de ocio (la caza), el bosque es un elemento esencial del patrimonio natural de la montaña por su fauna y su flora y participa del patrimonio cultural por sus paisajes y sus prácticas tradicionales.

 

Ahora bien, a lo largo de las dos últimas décadas el contexto económico del bosque de montaña se ha modificado profundamente. Frente a la competencia exterior, los handicaps debidos al relieve han provocado una degradación sensible de la rentabilidad de la producción forestal, llegando a veces al abandono de la gestión de ciertos bosques con los riesgos de precariedad del patrimonio forestal que ello supone.

 

Esta evolución se ha dado en un momento en el que se acentuaban, por otra parte, demandas paralelas de la sociedad a favor de los usos relacionadas con el ocio (pistas de esquí y también senderismo estival) y donde algunas catástrofes recientes en zonas de montaña recordaban el papel que puede jugar el árbol y el bosque en la protección. Todas estas peticiones, a veces complementarias, a veces competidoras, que se ejercen hoy sobre los propietarios y gestores del bosque de montaña, requieren respuestas rápidas y adaptadas a la gravedad de la situación.

 

El salpicamiento de acciones parciales que se derivan de decisiones tomadas a posteriori, es decir generalmente demasiado tarde, y que de todas maneras no remedian para nada las causas de los fenómenos a reparar, resulta insuficiente para dar una respuesta a este urgente problema.

 

Para permitir un desarrollo duradero, equitable y equilibrado de los bosques de montaña, los poderes públicos deben tomar medidas de envergadura, a nivel regional, nacional y europeo, adaptadas y coherentes entre ellas y articuladas entorno a los cinco grandes ejes siguientes:

1ér eje: Hacer participar a todos los actores en el desarrollo forestal.

Propietarios, utilizadores y más generalmente los ciudadanos, deben participar en el desarrollo de los bosques de montaña, con todos los derechos y deberes que esto supone implicándose de la manera más responsable y completa posible. El conjunto de las decisiones de orientación y de gestión deben ser tomadas llamando a todos los interesados, incluyendo en primer lugar a los montañeses mismos, a formular juntos un compromiso con los deseos de cada uno en beneficio de un desarrollo duradero de los bosques de montaña. En la medida en que la conservación  y el desarrollo a largo plazo de los recursos forestales de montaña sólo se harán con una participación y un compromiso de todos los actores concernidos, la política a definir debe resultar de un compromiso que hay que encontrar haciendo participar a todos los actores. Para ello, los derechos y deberes de propiedad deben ser establecidos con claridad. Asímismo, la información y la formación de los actores locales, a menudo olvidados en el debate sobre los bosques de montaña, serán sistemáticamente apoyados por medios adaptados en consecuencia.

 

 

2o eje: Establecer contratos territoriales de gestión del espacio natural de la montaña comprometiendo a los actores.

Este compromiso debe estar sellado de manera contractual, comprometiendo a todos los actores en el desarrollo negociado de los bosques de montaña. El bosque no debe ser apercibido de manera aislada sino integrado en la reorganización del territorio montañés en el que él es un elemento susceptible de asegurar la estabilidad. Se deben establecer contratos territoriales de gestión del espacio forestal de la montaña, fijando las responsabilidades de las diferentes partes implicadas (Europa, Estado, Región, provincia, municipios, y otras comunidades locales montañesas, propietarios, usuarios, agricultores forestales e industriales, vecinos) y si es necesario estos deben estar unidos a una reorganización global de los recursos naturales y rurales. Las diferentes partes concernidas deben comprometerse concretamente a participar conjuntamente en la financiación de las acciones para la ejecución de dichos contratos, así como al desarrollo de los recursos humanos necesarios para realizar con eficacia las acciones.

 

3er eje: Apoyar a las zonas en dificultad con medidas de corrección de los handicaps y fomentar su desarrollo.

Se deben poner en marcha de una manera razonada, medios humanos y financieros para corregir los handicaps de la montaña en las zonas más desfavorecidas. Unidas lo máximo posible al mercado y basadas en una evaluación previa de la importancia del handicap y de la eficacia de las medidas actuales (legislación, incitaciones financieras, vulgarización), estas acciones de apoyo y de fomento tienen que seguir una programación y unas prioridades en función de las posibilidades concretas locales de un real desarrollo forestal de la montaña. Las zonas o las condiciones marco en materia de recursos humanos (empresariado voluntario, mano de obra formada) que existen ya para realizar el desarrollo, deben ser prioritarias en la atribución de esas ayudas económicas. Allí donde el handicap es más importante, serán lanzadas acciones sostenidas para establecer la puesta en práctica de esas condiciones-marco esenciales para la realización eficaz de todo desarrollo ulterior. Se preferirán más que  subvenciones directas atribuidas sin contrapartida, otros instrumentos de iniciación económica integrados en los contratos territoriales, susceptibles de tener efectos en el fomento del desarrollo y que no son una simple compensación.

 

4o eje: Promover la calidad de los productos y servicios relacionados con el bosque de montaña.

Se establecerán medidas encaminadas a promover una imagen de calidad de los productos (los costos de producción son más altos en zona de montaña a causa de los gastos suplementarios debido a las condiciones de dificil acceso a los recursos), la única manera de promover en el mercado los productos que provienen de los bosques de montaña consiste en valorizar sus ventajas cualitativas, tanto mecánicas como estéticas y culturales. Diferentes marcas que atestiguen el origen montañés de algunos de ellos unidos a un ecocertificación de la gestión forestal, deben ser establecidos a tal efecto por la interprofesión para contribuir a promover una imagen positiva y valorizadora. Los contratos territoriales tendrán en cuenta este componente tan necesario.


5o eje: Definir planes de reorganización forestal multifuncionales.

La gestión forestal será reorientada de tal manera que permita, cosa que no es el caso en la actualidad, una gestión duradera de los bosques de montaña. La repartición implicita del territorio en zonas, separando zonas de protección pura y zonas de producción puras deberá ser revisto para asegurar una mayor durabilidad (cartografía y jerarquización de las funciones). Tanto en el sector privado como en el público, los nuevos planes de reorganización forestal deberán intentar promover la multifuncionalidad mediante la integracíón de los diversos usos de los espacios arbolados a través de un proceso que asocie el conjunto de intereses a las decisiones de gestión concretas. El equilibrio socio-económico debe convertirse en el objetivo explícito de tales planes de reorganización. Las investigaciones hechas sobre la gestión de los bosques de montaña deberán ser orientadas para dar respuesta directamente a las cuestiones que se planteen los propietarios, los gestores y los usuarios en la materia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para la realización de estos cinco ejes conforme a la resolución S4 del Proceso Paneuropeo es necesario un compromiso real de todos los actores. Se trata de construir una verdadera política de montaña paneuropea, construida con la participación de todos los actores, coherente, que resulte de los compromisos solidarios y conjuntos de Europa (para los países de la UE), de los estados y de las regiones, que va más allá del conjunto de actores del desarrollo forestal de montaña, ya sean propietarios o usuarios de los espacios arbolados.

La FECOF y el OEBM se comprometen por entero en el apoyo de una política de tal envergadura de la que piensan que es la única susceptible de resolver los problemas que se plantean hoy en materia de desarrollo duradero de los bosques de montaña en beneficio de los propietarios, gestores y usuarios.

 


 

 

IntroducciÙn