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EN
LOURIZÁN SE SELECCIONARÁN LAS ESPECIES MÁS RESISTENTES A LAS
ENFERMEDADES, EL FRÍO Y EL CALOR
La
Xunta planta árboles transgénicos para mejorar la madera y sus
frutos
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| Invernadero del centro de Lourizán. |
Iolanda
Martínez / santiagO
Galicia tendrá su propio campo de experimentos de genética
forestal. La Xunta va a crear, de manera inminente, cinco fincas
experimentales en las que plantará árboles autóctonos como el
pino bravo, el pino radiata, el castaño o el abeto Douglas, y
otras especies exógenas como el cerezo y el castaño, para
mejorar la producción de madera y frutos. La peculiaridad es
que estos árboles han sido modificados genéticamente en
laboratorio para incrementar sus resistencia al frío, las sequías
y las enfermedades. Si los resultados del ensayo resultan
satisfactorios, las plantaciones dejarán de ser experimentales
y se extenderán por toda la comunidad.
En un invernadero del Centro de Investigacións Forestais e
Ambientais de Lourizán trabajan, desde hace años, más de una
veintena de técnicos para seleccionar las especies. En una
superficie de 600 metros cuadrados, distribuida en cuatro
espacios con sistema de control de condiciones ambientales, se
realizan experimentos genéticos controlados. "Bajo los plásticos
del invernadero se perciben mejor las consecuencias del calor en
las plantas, su resistencia a enfermedades y otros
factores", comenta la jefa de Producción del centro,
Josefina Fernández. En Lourizán, centro dependiente de la
Xunta, se practica la propagación clonal y el cultivo in vitro,
para lo que tienen un laboratorio. Allí se multiplican las
especies que mejor superan las condiciones adversas.
Las especies tratadas en los laboratorios y probadas en los
invernaderos, se llevan después al monte, para observar su
evolución en el medio natural.
La Xunta ha elegido ya cuatro fincas para ensayar sus
especies. Las plantaciones están distribuidas por toda la
comunidad autónoma, cubren las cuatro provincias, para trabajar
con "áreas, climas y suelos distintos", dice Josefina
Fernández.
Cada una de las superficies que se van a plantar mide entre
15 y 20 hectáreas porque la concentración facilita "su
mantenimiento, vigilancia y protección", según los
responsables del proyecto. En cada zona se plantarán las
especies adecuadas para "respetar lo máximo posible el
ecosistema del lugar". Después de elegir la zona en la que
se quieren probar las plantas mejoradas, los técnicos de Lourizán
observan que tipo de árboles se dan en los alrededores de la
finca escogida.
Las parcelas se utilizarán como escuelas, donde los
propietarios, estudiantes y técnicos puedan observar el
comportamiento de las distintas variedades de árboles y su
tratamiento selvícola, hasta que llegue el momento de su
aprovechamiento comercial, finalizado el contrato con la Xunta.
La jefa del departamento de Producción del Centro de Lourizán,
Josefina Fernández, asegura que las universidades ya les piden
colaboración y envían estudiantes. Con este proyecto, el
estudio de la selvicultura en las especies gallegas avanzará aún
más, ya que podrá observarse cual es el procedimiento adecuado
en la realización de la siembra, cultivo y corte de los árboles
maderables.
Si los resultados son los esperados, la reforestación, la
conservación de las especies autóctonas y la mejor adaptación
al medio de los árboles foráneos estarán más cerca que nunca
para Galicia, en la que cada año arden 20.000 hectáreas de
monte.
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La
busca de fincas para ensayar sigue
La
búsqueda de las fincas -que aún no ha
terminado-"ha sido intensiva, teníamos que
encontrar superficies adecuadas y que los propietarios
aceptasen las condiciones", aseguró la jefa del
departamento de Producción de Lourizán, Josefa Fernández.
Las fincas que han sido localizadas por la Xunta sin
convocar ningún concurso público -comenta Fernández-,
pertenecen a grupos de vecinos, en forma de mano común.
El centro de Lourizán planta las especies que mejora en
su invernadero y las implanta durante cinco años.
Los cuidados de los árboles corren a cargo de los técnicos
de Lourizán durante al menos 20 años. Cuando venza el
contrato, si no se produce una renovación, los dueños
-que nunca han perdido la titularidad del suelo plantado
experimentalmente- se beneficiarán de la madera o los
frutos obtenidos.
Fincas
El dinero para plantar las cinco fincas
experimentales situadas en los lugares de Rebordelo
(Cotobade, Pontevedra), Pazos y Viduedo (Cea, Ourense),
Forgoselo (A Capela, A Coruña), Asados (Rianxo, A Coruña)
y una quinta en Lugo -aún no localizada- lo aporta el
Fondo Europeo de Orientación e Garantía Agrícola.
La Xunta intenta localizar la quinta superficie en la
parte baja de A Fonsagrada, en la montaña oriental
lucense, a partir de contactos.
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