REDACCIÓN
- Pontevedra
Trescientas cabezas de ganado pasaron ayer por las manos de
treinta esforzados "aloitadores" del Curro de A
Escusa, en Poio. Se trata de una fiesta que conserva el esquema
tradicional de este tipo de acontecimientos en la que los
hombres rapan y marcan a los caballos como lo hacían sus
ancestros.
Aunque el día grande de la fiesta fue ayer, los
organizadores, de la Asociación de Criadores de Caballos Monte
Castrove, dedicaron la mayor parte del día del sábado a reunir
los caballos en el pastizal, una ardua tarea que comenzó sobre
las siete de la mañana, puesto que no todas las bestias estaban
dispuestas a entrar en la finca en la que esperarían el
marcado.
Para conseguir este objetivo, cada cuadrilla se encargó de
un grupo de equinos, aunque en muchos casos ya sabían en qué
zonas estaban los animales.
Del otro lado se situaron los visitantes. Según la
organización, ayer visitaron el curro unas 2.000 personas, que
mayoritariamente disfrutaron de la comida campestre que se
celebró antes de la rapa.
Tras la comida, la organización trasladó a los animales al
curro, para comenzar con la marca y rapa y para separar a los
potros, aproximadamente un centenar, que se vendieron a unos
precios de entre 120 y 150 euros.
El curro contó con los aditamentos folklóricos de toda
fiesta tradicional.