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| Francisco Puch (presidente de la
Comunidad de Montes de Chapela), Álvaro Martínez (de
Moscoso-Pazos de Borbén) y Gonzalo Ramiro (representante de
Moreira-Soutomaior), en FARO . /
RICARDO GROBAS |
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Los comuneros de la comarca temen por la
supervivencia de sus entidades a raíz de los incendios de este año.
Iván Leis / REDONDELA
Tras arder este verano el 70 por ciento del
monte que veinte comunidades gestionan en los municipios de Redondela,
Soutomaior y Pazos de Borbén, los comuneros tendrán que enfrentarse en
el año 2007 a la incertidumbre. Pese a las "buenas intenciones" que
vieron en su reunión en Santiago con el director xeral de Montes,
Alberto Blanco, los comuneros de la comarca ven el futuro con
preocupación. Francisco Puch, presidente de la Comunidad de Montes de
Chapela; Álvaro Martínez, de Moscoso (Pazos de Borbén); y Gonzalo
Ramiro, secretario de la junta rectora de Moreira (Soutomaior),
analizaron en FARO las razones de su temor incluso a la desaparición de
las comunidades "y con ellas el patrimonio forestal del pueblo".
o La madera quemada sigue amontada en los montes. La Xunta confía en
retirar toda a lo largo de 2007, debido a su gran volumen, "pero
mientras tanto va perdiendo valor", dice Puch. "Todavía se está sacando
lo que ardió en 2005 y fue mucho menos", indica Martínez.
o Los precios. En la "Mesa da Madera", la Xunta de Galicia y las
comunidades acordaron que en las subastas, el precio de los árboles
quemados sea parejo al de los que no ardieron. "Pero allí no estaban los
madereros", señala Gonzalo Ramiro, y por ello "van a subasta lotes y
quedan desiertos porque nadie puja por ellos". Los precios de salida
para la madera que se debe subastar (por proceder de montes sujetos a
convenio con la Xunta) son muy superiores al precio de mercado (el que
se establece directamente entre propietario e intermediario).
o Fiscalidad. "As comunidades ás que lle ardeu todo -14 en la comarca-
van ter un gran problema", advierte Martínez. Aunque consigan vender la
madera que se salvó, "teñen que pagar a Hacienda en ciclos de tres
anos", cuando "pasarán 20 ou máis ata que volvan ter madeira
comercializable", dice el representante de Moscoso. De ahí que las
comunidades de montes afectadas pidan una suspensión de declaración de
15 años, para que los ingresos que logren ahora no se pierdan en
impuestos e intereses. "Nos tratan como empresas cuando hacemos una
labor social, lo que se gana por la madera se revierte en el monte",
subrayan. Ponen como ejemplo obras de traída de aguas o la creación de
zonas de esparcimiento.
o Puesta en valor. Según Puch, "la sociedad no sabe cuál es la función
de las comunidades montes". Las juntas rectoras gestionan la producción
de la madera, pero "el monte es universal, propiedad colectiva de toda
la población", dice. Por ello reclaman "más conciencia sobre el valor
del monte, más allá del económico". Desde los años 90, el abandono de
tierras agrarias y la presión urbanística han dejado al monte "contra
las cuerdas". Son otros factores a los que hacer frente, porque
explican, además de la climatología extrema y la falta de previsión, los
incendios de 2006.
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