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Las tareas de estos primeros días
consisten en realizar barreras para frenar futuras erosiones. /
gonzalo nÚñez
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Los voluntarios afrontaron ayer la primera
jornada en la recuperación del monte.
M.M. / Moaña
Sólo tienen dos manos pero han decidido
ponerlas a disposición de todos los gallegos. Mientras algunos miembros
de la comunidad se afanan en destruir el ecosistema de la comunidad con
incendios o vertederos, los voluntarios aportan su tiempo y sus ganas
para recuperar lo que es de todos, el monte, la naturaleza. En Moaña, de
momento, son medio centenar. En toda Galicia, ya llegan a los 5.700.
María Puga, Carmen Fariña, Alexandre Ríos o Guillerme Ignacio Costa son
algunos de estos héroes del bosque. No son una versión moderna de Robin
Hood sino estudiantes, trabajadores que han decidido prescindir de su
poco tiempo libre para frenar la erosión en los montes quemados,
repoblarlos con especies y darles un aire más saludable.
Ayer mismo, vivían su primera jornada intensiva de trabajo en la zona
cero de la comarca morracense, la masa de arbolado calcinado de Meira y
Domaio. Durante la tarde, tutelados por técnicos de las comunidades de
montes, hicieron sus primeros pinitos elaborando barreras que frenen la
erosión que llegará con las primeras lluvias.
"En la medida de las posibilidades de cada uno, la gente debe
participar", aseguraba el joven Alexandre Ríos en la entrada del
Concello de Moaña a la espera de la señal de partida hacia el monte. El
capataz forestal de los comuneros de Meira pasaba lista y daba las
últimas instrucciones mientras aquí y allá se revisaban las mochilas así
como el material vertido en ellas: linternas, chubasqueros...
La quincena de voluntarios citados ayer en Moaña alababa la iniciativa
de la Dirección Xeral de Voluntariado de ofrecer la posibilidad de
ayudar con la simple llamada a un teléfono, el 900 400 800. "Estaba
pensando en cómo podía ayudar, explica el buenense Guillerme Costa, y
llamé a amigos afectados que ya no necesitaban ayuda. Después surgió lo
del teléfono de la Xunta y llamé". Entre los motivos que le movieron a
participar apunta algo muy sencillo: "Yo siempre anduve mucho por el
monte, siempre me gustó desde pequeño".
Sus compañeros de cuadrilla apuntaban la conciencia ecológica o las
ganas de ayudar como causas de esta movilización voluntaria. La práctica
totalidad, no obstante, esperaba encontrarse rodeada de más manos. "En
plan anécdota, me extraña que haya poca gente de Moaña", apuntaba
Alexandre Ríos.
Razón no le faltaba, los vecinos moañeses escasearon en esta primera
jornada de recuperación del mismo monte que defendieron durante noches
en vela de las llamas. Para suplirlos, voluntarios de municipios como
Redondela, Vigo, Cangas, Marín o Bueu estaban ahí.
Las comunidades de montes dan gracias por la colaboración. Juan Santos,
de Domaio, lo verifica . "Veo que hay más mujeres que hombres en el
voluntariado. Están más concienciadas. Estamos contentos con el número
de voluntarios. Es digno de admirar. Es una señal de que no estamos
muertos, hay mucha preocupación", concluye.
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