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Incendio de un eucaliptal en
montes de A Ermida, en la parroquia de Marcón. /
rafa vázquez
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Las comunidades afectadas por el fuego
creen que no es fácil ni conveniente eliminar este árbol.
N. Puga / Pontevedra
Los montes pontevedreses tienen exceso de
eucalipto pero cambiar su cultivo no es nada fácil ni la solución más
viable". Estas palabras del secretario de la Mancomunidad de Montes de
Pontevedra, Carlos Morgade, resumen la opinión generalizada entre la
mayor parte de las comunidades de montes del municipio de cara a los
trabajos de reforestación del monte quemado durante la reciente oleada
de incendios. Los comuneros son, en general, detractores de esta especie
invasora que impide el crecimiento de otras autóctonas pero creen que la
repoblación de las zonas dañadas no debe prescindir de ella ni limitarla
en gran medida, pues también tiene sus cualidades positivas.
Las comunidades de montes consideran que los detalles que han ido
avanzando las instituciones sobre las directrices a seguir para paliar
los daños del fuego no son los más acertados ni beneficiosos para los
montes pontevedreses, ya que muestran un "total desconocimiento" de la
realidad de los terrenos forestales y sus propietarios. "No será fácil
convencer a los comuneros de que prescindan del eucalipto", asegura el
presidente de la agrupación de Pontesampaio, Manuel Santos.
Los comuneros creen que en el monte "hay sitio para todas las especies,
para el eucalipto y para otras de mayor calidad y resistencia al fuego"
y Morgade considera que la opción más acertada para poner en valor el
monte comunal tras la catástrofe que ha sufrido es "ordenar y
diversificar, ni eliminar el eucalipto ni limitar mucho su presencia ni
seguir con el como hasta ahora". "Si no hubiese eucalipto habría que
traerlo porque en cantidades pequeñas es bueno", reconoce el presidente
de los comuneros de Marcón, Xosé Daniel Cuñarro.
Los representantes de las comunidades más afectadas por el fuego
apuestan por la planificación antes de la repoblación para evitar las
grandes plantaciones de eucalipto desordenado, lleno de maleza y con
ausencia de cortafuegos y parcelas en las que atajar plagas o incendios,
pues si el eucalipto que había hasta ahora hubiese estado en parcelas
limitadas y menos abandonado, la devastación de las llamas habría sido
menor, asegura el presidente de Cerponzóns, Ramón Iglesias.
Tanto los comuneros de esta parroquia como el resto de los consultados
se muestran convencidos de que, a pesar de todo, la catástrofe habría
sido difícilmente evitable. En Cerponzóns, ardieron incluso zonas en las
que habían realizado una ordenación del monte con pistas, senderos y
cortafuegos y Marcón constata manos externas en el inicio de los fuegos.
"Encontramos artefactos incendiarios y, cuando estábamos apagando en una
zona, nos plantaban por detrás", asegura este comunero que aplaude la
coordinación de Medio Rural.
El monte estaba limpio
Los comuneros coinciden en rechazar las críticas que han recibido en los
últimos días acerca del estado de abandono en el que se encontraba el
monte comunal antes del inicio de la oleada de incendios. La antigua
presidenta de la Comunidad de Montes de Tomeza (que en estos momentos se
encuentra sin directiva ante la ausencia de candidatos en las últimas
elecciones), Patricia García, asegura que en su parroquia el monte más
afectado por el fuego, Loureda, era el más limpio.
Por su parte, el presidente de Santa María de Xeve, Juan José González,
recuerda que gran parte de las comunidades están apostando por una
diversificación y puesta en valor de los terrenos y Patricia García cree
que este es el momento para luchar por un monte comunal que no viva
únicamente de la explotación forestal, "hay otras posibilidades".
Estos esfuerzos que realizaron en los últimos años agudizan, si cabe, su
sentimiento de desolación. "Se perdió el trabajo de años, en 20 años el
monte no será productivo, mis ojos no lo verán recuperado", concluyen. |