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Espiñeiros se vio cercado por las
llamas el fin de semana. /
BERNABÉ / SONIA GONZÁLEZ
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Ganaderos de Espiñeiros pierden pastos, silo
y maíz para alimentar a sus reses.
Silvia Pampín / FORCAREI
Un lúgubre manto negro cubre desde el fin de
semana el lugar de Espiñeiros, en la parroquia forcaricense de Meavía.
Es la evidencia de la ruina de un pueblo cercado por el fuego al que tan
sólo la valentía, el heroísmo y la profesionalidad de los bomberos del
Parque Intercomarcal del Deza-Tabeirós-Montes, de los efectivos de
Protección Civil de A Estrada, de la cuadrilla estradense y de tres
voluntarios de Leboso, Valadares y Quintillán lograron salvar. Así lo
aseguraba ayer agradecido el vecino Fernando García, recordando con
horror unas llamas que "subían ó ceo".
Purín para la extinción
El futuro se antoja incierto. El incendio que se originó el viernes en
Olives y, tras destruir la Lagoa Sacra, amenazó con devorar a
Espiñeiros, destruyó los pastos, el silo y el maíz que los ganaderos
tenían para alimentar a sus reses, ahora y durante el próximo inverno.
Es la cruda realidad tras un asedio sin precedente. Los adultos lucharon
contra las llamas en un denso humo y, en su desesperación, usaron
incluso purín para extinguir el fuego cuando se les acabó el agua. En el
interior de las casas, retumbaban los gritos de los niños que sentían
que les faltaba el oxígeno preciso para respirar.
"Agradecémoslle ós bomberos e a Protección Civil que se deixaron o
pelexo, xogándose a vida. Se non ardemos todos", asegura García. Como
él, su esposa, Elena Arias, no acierta a comer. Los ganaderos temen no
poder afrontar el invierno. Ayer, en un desesperado intento por
aprovechar los pocos rollos de silo que lograron salvar de las llamas,
García y su vecino José Manuel López Silva trataban de tapar los
agujeros de la cinta que los envuelve. En fincas próximas al pueblo,
terminaban de arder centenares de rollos. Mientras, un agente forestal y
la patrulla Car Montes vigilaban para evitar que el fuego se reproduzca.
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