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Un ciclista asciende por una de
las faldas del monte Xiabre, totalmente quemado. /
IÑAKI ABELLA
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Los propietarios de monte creen que una
lluvia muy fuerte arrastraría las capas fértiles de la tierra.
A.M./ M.F. / O SALNÉS
Varios sectores económicos, como los propietarios de montes, los
hosteleros o las cofradías temen que tras la oleada de incendios "lo
peor esté aún por llegar", como se expresaba gráficamente hace unos días
el directivo de una comunidad de montes de O Salnés.
La lluvia va a jugar un papel muy relevante en lo que pueda pasar a
partir de ahora. Si llueve algo servirá para limpiar el monte y
propiciará la fijación de nuevas plantas al suelo. Pero si en cambio la
lluvia es muy fuerte podría arrastrar la tierra, dejando el suelo poco
menos que estéril.
Esto es algo que temen mucho los comuneros, pues si el agua arrastra las
capas superficiales de tierra "el terreno quedaría mal para bastantes
años", según afirma José Manuel Loureiro, presidente de los comuneros de
Abalo (Catoira). Si estos malos augurios se cumplen, a los propietarios
de monte les costaría mucho repoblar las zonas quemadas.
Marisqueo
Las gentes que viven del marisqueo también están preocupadas. El sector
teme que las consecuencias de los incendios lleguen al mar, por culpa de
las cenizas que acumulan los acuíferos y que, irremediablemente,
llegarán al río y de ahí, a la ría de Arousa.
Los parquistas de Carril, por ejemplo, temen que su zona sea una de las
más afectadas dada la influencia del Ulla sobre sus cultivos. "Está
comprobado que los incendios causan graves perjuicios al molusco-explica
José Luis Villanueva Vicente, presidente de la agrupación de
parquistas-. En este momento el monte es un manto de ceniza, una ceniza
que el agua arrastrará hasta el mar".
Cree que las consecuencias de ese negro desembarco serán catastróficas,
para el fitoplancton en general y en especial para almeja y berberecho:
"El molusco filtra la ceniza y, como ya comprobamos en incendios
anteriores, la vianda empieza a adelgazar, la almeja enferma y acaban
produciéndose elevados porcentajes de mortandad".
Si ha sido así por fuegos anteriores, los parquistas no quieren ni
pensar lo que ocurrirá este año: "Jamás se había visto una oleada de
incendios así, en esta zona. Somos conscientes de que los daños serán
terribles", augura Villanueva. Para más inri, los incendios llegaron en
una época en la que la mayoría de los productores carrilexos estaban
sembrando y en la que, según el presidente de la agrupación, se había
producido una importante fijación, sobre todo en el berberecho.
El problema se podría agravar por la lluvia: "Las únicas cenizas que
están llegando hasta el momento a los parques de cultivo son las que
aterrizan en el agua empujadas por el viento. Pero esas se quedan en la
superficie y no llegan a afectar al molusco. El problema vendrá cuando
lleguen las lluvias pues arrastrarán todo la porquería que lleva el río,
y esa porquería acabará afectando al molusco y a su alimento".
"Ya no tenemos el paisaje verde que ofrecemos"
El sector turístico es otro de los que no duermen tranquilos estos días.
El presidente de la Asociación de Iniciativas Turísticas de Vilagarcía
-y propietario de un camping-, José Luis Bóveda, alega que "nuestros
clientes suelen ser gente amante de la naturaleza. Esto nos va a
afectar, porque ya no tenemos el paisaje verde que ofrecemos".
Bóveda y la asociación gallega de campings estiman que en este mes de
agosto tienen una ocupación un 35 por ciento más baja que la de agosto
de 2005, y lo achacan a la ola de incendios "porque la gente tiene
miedo".
Además, la comarca podría perder posiciones en lo que a turismo rural se
refiere. El paisaje quemado -que según los comuneros tardará entre 20 y
25 años en volver a ser como era hace una semana- no invita a paseos por
el monte ni a hacer rutas de senderismo, actividades que cada vez
cuentan con más adeptos.
Mientras, los afectados -o los que podrían serlo en los próximos meses-
tampoco saben muy bien qué hacer a partir de ahora. Los parquistas de
Carril, por ejemplo, son incapaces de idear medidas para paliar la
catástrofe: "Nosotros tenemos que seguir sembrando como hasta ahora. Es
nuestro trabajo. Cuando llegue la ceniza será el momento de estudiar las
consecuencias y de intentar paliar la mortandad", dice Villanueva
Vicente. Cree que por ahora, lo único que se puede hacer es "rezar, seas
o no creyente".
Por otra parte, las autoridades recomiendan estos días no beber en
exceso agua de los manantiales próximos a zonas afectadas por el fuego,
por si se filtró a ellos ceniza o tierra.
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