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gonzalo núñez
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Las frondosas fueron el mayor aliado que se
encontraron las brigadas que trabajaron en los montes de Meira.
Emilio C. Mera / O MORRAZO
Las frondosas fueron el mayor aliado que se encontraron las brigadas que
trabajaron en los montes de Meira. Estas especies dan una amplia sombra
que provoca que los matorrales no crezcan a su lado y que por lo tanto
el fuego no se pueda extender de una manera rápida como en los bosques
poblados con otras especies, como el caso del pino o el eucalipto.
Meira ha perdido una cuarta parte de sus montes y hay que empezar a
pensar en repoblar cuanto antes. Pero ahora mismo lo que más preocupa a
la directiva de los comuneros es la erosión del suelo, ya que en caso de
fuertes lluvias el agua arrastraría consigo una importante cantidad de
tierra. Hay muchas zonas de la parroquia en la que la tierra tiene poco
perfil vegetal, lo que implica que no en todos los lugares se puedan
replantar las frondosas. Así, en muchas ocasiones no queda más remedio
que recurrir a la plantación de eucaliptos, que arden con mayor
facilidad.
Pero esa pérdida de suelo también tendría consecuencias muy graves sobre
los ríos y el mar. La tierra que arrastrará la lluvia, que llevará una
gran cantidad de ceniza y borralla, acabará en lechos fluviales y en el
mar y, la presencia de esas partículas quemadas, no deja de ser
contaminación. Los técnicos de la comunidad de montes explican que
provocará una disminución de oxígeno en el agua y esa reducción puede
afectar tanto a los peces de los ríos como a los bancos de marisqueo que
se encuentran en la desembocadura de los mismos.
Los daños económicos están aún sin cuantificar con certeza pero lo que
es seguro es que la recuperación y regeneración de la superficie quemada
será una tarea larga y de muchos años, como admiten los comuneros.
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