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Los vecinos de la parroquia de
Domaio combatieron el fuego con sus propios medios. /
gonzalo núñez
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Los comuneros de Meira y Domaio han perdido
parte de las últimas plantaciones que realizaron.
Mar Mato / O morrazo
Toda una noche sin dormir, aquí, en las escaleras; abajo trabajando para
evitar que llegase a casa el fuego". José Luis Rodríguez, narraba así
una jornada que muchos preferirían no haber vivido. No fue el único.
Cientos de vecinos de Moaña y Cangas, quizás más de un millar, pasaron
la madrugada a escasos metros del fuego.
Lo peor vino cuando las llamas se acercaron a algunas viviendas en Meira
o rodearon casas en Domaio. En Pedra do Navío, Calvar... se pidió el
desalojo de varias viviendas. Algunos propietarios se negaron. "Llegaron
del ayuntamiento y nos dijeron que teníamos que desalojar la casa",
relata Rodríguez para a continuación puntualizar "¿Te parece normal que
dejase llegar el fuego con una caldera de 800 litros de combustible en
el bajo? Si se me hubiese quemado la casa, ¿me habrían dado otra? Si no
nos dieron ni un vaso de agua", relata.
Durante varias horas parte de Domaio tuvo el agua de la traída cortada
debido al fuego. Los manantiales de regadío que años atrás servían a los
vecinos tampoco bajaban por el monte porque fueron cortados por el
corredor de alta capacidad y no se repusieron. Para colmo de males, una
motobomba no podía llegar hasta el lugar porque las ruedas no se podían
adherir al camino empinado y de tierra, que lleva tiempo sin asfaltarse
por las obras del alcantarillado.
A medida que transcurrían las horas, la noche del viernes se tornó
peligrosa. Ante la falta de medios, los vecinos consiguieron agua de un
pozo artesanal y de un río próximo con cuya agua lograron frenar el
avance del fuego.
24 horas sin descanso
Por su parte, Protección Civil, el alcalde, el teniente de alcalde y el
edil de Medio Ambiente así como los comuneros de Meira y Domaio hacían
jornada de 24 horas. En el caso de esta última junta, hasta su local
corrió peligro ya que el fuego se acercó a escasos metros. No obstante,
se salvó, lo que no consiguieron varias hectáreas de árboles replantados
en Chan da Lagoa y Pedras Negras. "Todo está quemado", decía en voz baja
pero con rabia un comunero, que añadía "sobra gente para ayudar pero
faltan coches bomba y más medios para combatir el fuego".
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