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Madera quemada acumulada en los
montes de Navallo. /
J. Docampo
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Muchas explotaciones incendiadas no estaban
dadas de alta y no tienen derecho a cobrar.
Juan Calvo / OURENSE
La aldea de Navallo sufrió como ninguna otra el
ataque de los incendios forestales el pasado verano. La práctica
totalidad de sus plantaciones de castaños fueron arrasadas por las
llamas. Castaños centenarios se vinieron abajo en un instante ante la
impotencia de unos propietarios que veían como la herencia de sus
antepasados era pasto del fuego. "Non teñen lugar ni para botar a
vacas", comenta un vecino de Charrechouso, Laureano Quintas Pérez, al
que también los incendios dañaron su propiedad. Y así es. Navallo es
territorio quemado. No hay maleza que no evidencie la lucha contra el
fuego. Jubilado desde hace unos años, Eliseo Sanmiguel Carballo, vive
con su mujer en Navallo. Hasta el pasado año, la coseha de castañas
(enre 2.000 y 3.000 kilogramos) le suponía un ingreso extra que le
permitía hacer más llevadera la vida lejos del mundanal ruido. Pero su
explotación no estaba dada de alta, así que ya sabe que va a ser muy
difícil cobrar algún tipo de indemnización. "Nos declarabamos a Facenda
polas castañas". De todas formas, envió la solicitud. Como también lo
hicieron casi todos los vecinos del pueblo que están en sus mismas
condiciones. Nada sabe de su solicitud. Desde la aparición estelar en
helicóptero del presidente de la Xunta de Galicia, Emilio Pérez Touriño,
que sí recuerda, Eliseo Sanmiguel afirma que nadie se preocupó más por
ellos. Este año, los vecinos del otro lado de la montaña, donde el fuego
no hizo tanto daño, les dejaron recoger castañas de sus castiñeiros ,
que después vendieron y así poder aliviar un poco su situación
económica. La invitación se hizo extensiva todos los propietarios de
castaños de Navallo. Otra ayuda no recibieron.
Tras lo incendios, los vecinos de Navallo no se había hecho demasiadas
ilusiones de cobrar algún tipo de indemnización, pero el despliegue
político fue tal que, al final concluyeron que sí, que esta vez si
podrían arrañar algo. Pasan los meses y nada saben. Preguntan en el
Concello de Laza, al que pertenecen y tampoco nadie les da una
respuesta.
Las duras condiciones impuestas por el decreto que regula las ayudas les
dejan fuera.
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