A.
PEREIRA - pontevedra
Protección Civil de Pontevedra no participó en la extinción
de los incendios forestales declarados el viernes en el
municipio para no poner en peligro la vida de sus voluntarios.
La dirección de la agrupación aseguró que ha renunciado a
firmar acuerdos con la Consellería de Medio Ambiente para
colaborar en las campañas estivales de extinción porque los
voluntarios carecen de formación y son trabajos muy
arriesgados.
En cambio, sí acudieron a sofocar las llamas en Lérez y
Tomeza los integrantes de Protección Civil de Poio y de O Salnés
que en ambos casos han firmado dicho convenio con la Xunta.
Precisamente, en los trabajos de Lérez volcó una de las
motobombas de Poio conducida por un voluntario que resultó
herido leve. La motobomba fue rescatada del monte a las tres de
la mañana de ayer.
"Los voluntarios de Protección civil son gente muy
joven (de entre 15 a 25 años), y el trabajo de extinción
implica un riesgo tremendo", explicó Hermenegildo Rodríguez
Nóvoa, directivo de la formación pontevedresa.
"Es un servicio que no está compuesto por
profesionales", explicó, y añadió que "no se puede
arriesgar la vida de jóvenes de 15 ó 20 años porque puede
pasar cualquier cosa".
Desde hace tres años, la formación de voluntarios de
Pontevedra sólo colabora en la extinción de incendios en los
que se vean afectadas viviendas o peligren vidas humanas, por
este motivo no actuaron en los fuegos declarados el viernes en
el municipio. Aunque en el incendio de la parroquia de Tomeza
las llamas estuvieron a punto de alcanzar a las viviendas, los
voluntarios no fueron avisados porque los bomberos habían
controlado la situación.
Protección Civil Pontevedra, en cuando a extinción de
incendios, sólo actuará cuando algún otro cuerpo oficial
(bomberos, SOS Galicia, 112, Policía Local, Guardia Civil,
Policía Autonómica) requiera su ayuda.
Sofocar el fuego cualquier día y a cualquier hora
voluntariamente
Hasta hace tres años, los jóvenes de Protección Civil
de Pontevedra salían al monte a enfrentarse al fuego a
cualquier hora del día y de la semana.
En aquel entonces firmaba acuerdos con la Consellería de
Medio Ambiente para colaborar en la campaña estival de extinción
que comenzaba en junio y finalizaba en septiembre.
Al parecer los jóvenes carecían de la formación suficiente
que puede tener un profesional (como los bomberos) y realizaban
jornadas maratonianas (retenes de fines de semana de hasta 72
horas) que, en absoluto, estaban remuneradas.
Medio Ambiente daba a la formación unos 2 millones de
pesetas para dotar a las cuadrillas y adquirir el
avituallamiento necesario hará soportar los retenes de los
fines de semana.
Aunque en dichos convenios, Medio Ambiente dejaba claro que
las cuadrillas de voluntarios no podrían ir en punta de lanza
para sofocar el fuego, algunos confirmaron que en más de una
ocasión se encontraron solos ante las llamas sin ningún técnico
(agente forestal, por ejemplo) que dirigiese el avance de los
voluntarios por el monte.