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| El naturalista Federico De la
Peña Santos. /
RAFA VÁZQUEZ |
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"En las Rías Baixas ni se sabe qué es
silvicultura; se plantan los árboles y al cabo de 20 años se va por la
zona: si están talo", asegura el naturalista Federico de la Peña.
S. Regueira / PONTEVEDRA
Australia y Tansmania arden con frecuencia,
aunque parezca mentira el fuego no destruye al eucalipto, que procede de
esas zonas del planeta, sino que es uno de sus mejores aliados, saca
partido de él ya que le destruye matorral, la materia muerta y los
árboles jóvenes, es decir, hace el trabajo que debería haber hecho el
propietario, pero los eucaliptos fuertes no mueren: verá como en el
meses los vemos con brotes", explica el naturalista Federico de la Peña
al analizar las causas de la oleada de incendios y también la proporción
desigual del daño: el 60% de la superficie calcinada la cubren
eucaliptos y pinos.
-¿Qué efectos ha tenido la oleada de incendios sobre la vida salvaje?
-En ese análisis hay que distinguir tres tipos de monte y ecosistemas a
los que ha afectado: bosque de repoblación de pinos y eucaliptos, otro
bosque natural, autóctono de carballeiras y castaños, y después monte
raso, formado íntegramente por toxo, xesteira etc. En el primer caso es
en el que más ha afectado y hay que decir que es, ante todo, un bosque
creado por el hombre con fines exclusivamente económicos, la importancia
ecológica de este ecosistema es mínima, al igual que la de su matorral,
que ha de ser eliminado porque es realmente un combustible. No sucede lo
mismo, por el contrario, con el monte raso.
-El concello ha anunciado que recortará las plantaciones de especies
pirófitas como el eucalipto y las comunidades de montes no consideran
"viable" prescindir de él ¿qué opina?
-No es fácil: lógicamente eucalipto hace falta en una sociedad que
devora papel, pero hay que tenerlo muy controlado, como ve los
ejemplares adultos no mueren y las semillas, que rodeadas de matorral
tienen problemas para salir adelante, al haber ardido la superficie que
las rodea germinan como por arte de magia. Dentro de año o año y medio
el suelo de los bosques de eucaliptos estará cubierto de una capa de
ejemplares jóvenes que crecerán muy rápido gracias al abono. Y también
aparecerán en las fincas colindantes que antes no tenían eucaliptos.
-Otra polémica es precisamente sobre la limpieza de los montes ¿hay que
limpiar todos los montes?
-No es lo mismo el matorral de pinos y la de eucaliptos, que hay que
limpiar siempre, que el monte raso, que constituye un ecosistema único
en el que crece el conejo, la liebre, arañas, aguiluchos o erizos, por
citar algunas especies. Uno de los errores que más oigo es ese de la
limpieza, sería una locura limpiar el matorral del monte raso, que es un
ecosistema riquísimo y propio. Cuidado con eso de que los montes están
sucios: están sucios los de repoblación, los creados con fines
económicos, pero en los otros, en el raso y el autóctono, el matorral es
muy importante, no debemos eliminarlo sino controlarlo, pero hay que
tener cuidado con eso, en algunos casos los montes deben estar sucios.
-¿Se puede apuntar ya una fecha en la que los ecosistemas estarán
recuperados?
-En los bosques de pino y eucalipto, siempre y cuando no hayan perdido
suelo, más o menos tardará uno o dos años en recuperarse la cubierta
vegetal y la vida irá retornando poco a poco. En los bosques autóctonos
o pequeñas carballeiras que estaban en medio de bosques de repoblación
la recuperación será mucho más lenta y en el monte raso en dos meses
veremos los primeros brotes y en un año y medio la cubierta vegetal
(toxos, carqueixas, fentos etc) se recupera. Mientras tanto, otras
especies se aprovecharán de esa situación que favorece, entre comillas,
a determinados animales como algunas culebras, sapos que les gustan los
lugares pedregosos, etcétera.
-Al hablar de las causas de los incendios se apunta a las especies
pirófitas, a la falta de medios, etcétera, pero poco al abandono del
rural, mucho menos aún al hecho de todos la citan pero aquí nadie hace
silvicultura.
-Nadie en Galicia; se hace algo por la zona de Lugo pero por aquí por
las Rías Baixas ni se sabe qué es: se plantan los árboles y se va al
cabo de 20 años por la zona y si existe todavía la talo, pero no hay
inversión en el monte, que es lo fundamental o lo único que estamos
creando son zonas para arder. Tampoco se habla del abandono del rural,
de esos problemas estructurales a los que alude, ni de que el gallego ha
estado unido a la cultura del fuego desde el Neolítico, hace 4.000 años
empezamos a quemar el monte para crear cultivos o destinar el suelo a la
ganadería y esa práctica se ha mantenido hasta hace 40 años. El
campesino quemaba sobre todo zonas de monte raso para aprovechar la
ceniza y cultivar, cuando el suelo ya no tenía nutrientes lo dejaba a
monte y repetía el ciclo. Eso es una cultura en Galicia.
-Se ha quemado el 35% de la ribera del Lérez ¿en qué medida está dañada?
-En el bosque natural, mixto o autóctono, el incendio es muy difícil que
entre, se queman normalmente los árboles de borde, porque el matorral
funciona justamente a la inversa del que crece al lado del eucalipto:
impide entre el fuego porque mantiene la humedad, un bosque de carballos
o castaños es difícil que arda. Los bosques de ribera tienen funciones
importantes, como servir de refugio a los animales, proporcionar sombra
al río para que las especies sensibles a la temperatura del agua vivan y
evitar que la erosión se lleve el agua al río ya que los árboles sujetan
la tierra. Ese bosque ha sufrido sobre todo en el borde, pero el centro
no, precisamente por la beneficiosa humedad del matorral.
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