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CARA
A CARA
¿Cómo
acabar con los incendios forestales?
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| De izquierda a derecha, Francisco
Sineiro García, Alfonso Fernández González y Tomás
Fernández Couto. |
JAVIER
SÁNCHEZ DE DIOS.- Santiago
¿Qué ocurre con los incendios forestales, que parecen
un problema sin solución?
-Tomás F. COUTO. Creo que al hablar de incendios en Galicia
hay que aclarar que se trata más de incendios rurales que
forestales propiamente dichos. Y debemos partir de la premisa de
que hablamos de un hecho tipificado en el Código Penal, no un
problema administrativo. Y por tanto tiene que haber sanciones e
investigación desde los organismos competentes. Y debo, por
otro lado, citar cuestiones dignas de tenerse en cuenta: el número
de incendios es elevado, pero siempre ha sido así; por otra
parte no sólo abarca a Galicia, sino también a su entorno
portugués, castellano y asturiano y hay similitudes. La Xunta,
sobre los incendios, tiene dos enfoques: la extinción, por un
lado, con responsabilidades compartidas con los municipios, y
con un operativo muy potente y bien diseñado, aunque quizá se
necesiten más medios. Desde el punto de vista de la prevención,
el asunto es más complejo; hemos ido analizando los datos
comparando con lo ocurrido en los últimos doce años. Y hay una
componente muy clara: aparecen líneas que se repiten cuando el
estudio se hace por parroquias y por lugares, y además se
producen en determinadas épocas del año.
-Francisco SINEIRO. Lo que ha dicho el director general es un
relatorio que podrían hacer muchos, pero él tiene que decir más,
porque para eso es gobierno, dispone de medios, entre ellos el
de investigar, y tiene la responsabilidad. Es obvio que el
problema de los incendios está sin resolver, aunque no vamos a
negar la evidencia de que hay una reducción de superficie
afectada: faltaría más, después de doce años; pero el
problema permanece. Los incendios son intencionados, se dice, y
es verdad, pero no vemos las causas, y tampoco que se persiga
con eficacia a los incendiarios. Es un problema estructural, que
se debe en buena medida a la anarquía sobre los usos del suelo,
mezclándose lo que es rural, lo que es urbano y todo lo demás,
y de ahí salen los problemas urbanísticos. Para nosotros la
cuestión más seria es que hay que volver a unir lo que estaba
unido en la agricultura tradicional: se necesita una política
que una los intereses de la población con los del monte. Y hay
que desincentivar la economía del fuego: no se puede decir que
donde hay incendios hay más trabajo.
-Alfonso F. GONZÁLEZ. Desde el sector de las empresas
forestales, uno de los problemas que vemos es el de que falta
claridad a la hora de tratar el tema de los incendios, y los
tres poderes del Estado están incumpliendo sus obligaciones.
Falta inversión directa en el monte porque se dedica mucho a la
extinción, cuando debería hacerse otra cosa: si hay una
instalación de gas deteriorada no se incrementa el parque de
bomberos, se arregla la instalación. Segundo, es evidente que
no se cumple la legislación en materia de suelo urbano, por
ejemplo, y así vemos que hay suelo no urbanizable que, tras
arder, es vendido a pícaros que luego hacen chalés. ¿Qué
pasa con eso? Y hay otro tema que nos preocupa mucho también:
se lleva a cabo una concentración parcelaria, y sistemáticamente,
si hay suelo arbolado cerca, arde. Repoblación hecha en los últimos
años, por valor de cinco mil millones, sigue ardiendo a pesar
de que se consulta a las asambleas de los comuneros. Hace falta
mano dura: si hubiera cincuenta atracos en una zona de Ourense,
por ejemplo, en dos días, ¿alguien se imagina que no se viese
policía, controles, etcétera?
-F. COUTO. Estamos haciendo un diagnóstico basado en doce años
de historia de 3.800 parroquias. Y la realidad es que el ochenta
por ciento de los incendios se produce en el treinta por ciento
de Galicia. Y hay hechos indiscutibles: zonas del interior con
un intenso aprovechamiento ganadero concentran incendios. Matizo
que no culpo a los ganaderos, pero ahí hay una gran concentración
y no puede ser casualidad. En algunos sitios llevamos tres años
de trabajo haciendo estudios de encaje de usos forestales y
ganaderos; lo que queremos es que las masas arboladas estén
tranquilas. Y hay un proyecto consensuado para ordenar las cosas
a partir de la consulta con los propietarios. E insisto: hay una
pauta espacio temporal de los incendios, y eso quiere decir que
no se quema sistemáticamente por todas partes y que las causas
están encajadas en la zona de fuego. Y hay situaciones con la
caza, y por ahí hay que investigar. Y hay que seguir esas líneas
de investigación, al igual que sobre intereses urbanísticos.
-SINEIRO. Sigo pensando que el problema está sin resolver, y
extraña que tras doce años de gobierno el director xeral diga
que hay que hacer cosas que ya deberían estar hechas. Y mire,
el gobierno se equivoca cuando quiere hacer de la lucha contra
incendios triunfal fuente de éxitos en solitario: hemos hecho,
desde el grupo socialista, propuestas de cooperación, y
seguimos dispuestos a ellas en un asunto básico que compete a
los tres poderes. Pero la Xunta nunca trajo al Parlamento
propuestas legislativas. Y una cosa es lo que se dice y otra lo
que se hace: ¿dónde está la integración de usos de monte en
la experiencia de estos doce años? Asombra que se digan las
cosas que dice el director xeral, pero insisto: estamos
dispuestos a cooperar, incluso cuando, y lo digo en primera
persona, hemos tenido que padecer carroña en estos asuntos por
parte del PP, carroña real y reconocida. Pero colaboraremos
porque es un problema de país. Siempre que se trate de políticas
serias, claro.
- F. GONZÁLEZ. Yo creo que es necesario ir a un pacto en pro
de los intereses de Galicia, a un acuerdo en una mesa, que
regule las cosas y haga propuestas serias. El problema es
efectivamente un problema de todos, porque detrás tenemos un
sector que está sin consolidar, un sector empresarial. No se
invierte en el monte, se gasta dinero en él, que no es lo
mismo, y eso hay que corregirlo. Y quiero decir que cuando
hablamos de combate contra el fuego no entendemos que se
necesiten medios técnicos y profesionales y, en cambio, se le
da manga ancha a los alcaldes para contratar cuadrillas, que son
un puesto de trabajo más, pero que no se consolida y que carece
de profesionalidad. Y sobre todo no genera riqueza, sólo
aumenta el cuerpo de bomberos.
-¿Hay remedio?
-SINEIRO. Hay, pero no basta con las simplificaciones que ha
hecho el director xeral. Llevamos muchos años con el problema y
sigue sin resolverse; mejoró la situación en el sentido de que
se ha reducido la superficie quemada, pero hay gastados noventa
mil millones de pesetas. Y se siguen dando palos de ciego y
aludiendo a ganadería, caza, limpieza de monte, alimañas, etcétera.
Ése es el resultado de la investigación, según la consellería:
si diese esa respuesta en el terreno penal se diría que está
desbordada o desorientada. Son generalidades, y el problema es
serio, difícil; nosotros estamos dispuestos a dialogar, y
acudir a una mesa, pero no para aceptar mensajes triunfalistas.
Los problemas de los montes vecinales están sin resolver, los
del ganado mostrenco también... Claro que hay remedio, pero con
una política seria.
-F. GONZÁLEZ. Soluciones hay, claro. Yo incrementaría el
tema policial, y la ordenación del territorio es fundamental;
hay que separar lo forestal de lo ganadero, las concentraciones
parcelarias deben ser para uso agrario y no para especulación
urbanística... Pero son cosas de gobierno, en general. Y hay
algo importante, que es el de las inversiones en el monte. Estoy
de acuerdo en que hay que hacer un gran esfuerzo en el tema de
los incendios, sin duda, pero hay algo claro: la mayor
concentración de combustible está en los depósitos de gas de
Monforte o en la refinería de A Coruña y no arden, porque
nadie les prende fuego. A quien hay que eliminar es al que
prende fuego: lo demás es una especulación. Pero insisto: hay
que invertir en el monte sobre todo en prevención; si no habrá
que aumentar el parque de bomberos.
-F. COUTO. Yo creo que estamos equivocados si para hablar de
incendios nos centramos en política forestal o en inversiones.
Los remedios los está aplicando la Xunta, como demuestran las
cifras. Pero no quiero irme de aquí sin insistir en un asunto,
porque es muy importante que la opinión pública lo vea con
claridad: el tema de los incendios es un asunto delictivo. Tiene
su paralelismo con el contrabando de hace años: si se hubiera
atacado ese problema sólo por la vía de fomento de empleo, etcétera,
aún seguiríamos con él, habríamos solucionado sólo parte
del problema. Y en esto tampoco habrá solución sin medidas
policiales, porque es preciso decir que quien quema el monte es
un delincuente, no es un ganadero o un cazador. Y tiene que
participar la sociedad, porque es muy difícil detener a un
incendiario in fraganti sin colaboración. Y, cuando se le coge,
no se tienen en cuenta los daños reales causados para aquilatar
la pena. Que ésa es otra.
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